25 de Octubre de 1998.

“Dormí dos escasas horas porque pasé toda  mi fría y oscura noche escribiendo poemas sobre ella, y no me arrepiento de eso. Ella es mi musa y cada vez que pienso en sus ojos color almíbar puedo sentir el viento que choca contra mi cuerpo llenándome de vida para recordarme que no estoy soñando y que esto es la vida real. Así es cada momento que paso a su lado, es algo incomparable,  es como si ella estuviera haciéndome brujería para enamorarme cada día más, y si lo hiciera no me importaría porque lo único que quiero es estar a su lado. Con eso me basta.

Las sábanas de mi cama estaban frías por la ráfaga de viento que atacaba a mi apartamento, busqué mi suéter y me serví un poco de jugo de durazno y recordé lo dulces que son sus labios, dulces y jugosos labios, con sabor a durazno. Cada vez que roza mis labios con los suyos siento millones de mariposas, pero no como lo sienten los demás, no siento mariposas en mi estómago, las siento alrededor de Nina y de mí, revolotean y golpean sus delicadas y suaves alas contra nuestros cuerpos creando una especie de barrera para que nada ni nadie se interponga entre nosotros. Cada vez que nuestros labios se unen siento que la naturaleza se pone de nuestro lado y nos aplasta con sus gigantes brazos repletos de viento que viaja por los árboles y les ordena que se sacudan y dejen que sus hojas se mezclen para que recorran todo lo que somos logrando que me sienta vivo. Ella me hace sentir vivo, una vez más.

Busqué mi caja de cigarrillos y mi chaqueta de cuero. Rebusqué en mi chaqueta las llaves de mi moto y bajé las escaleras de mi viejo edificio para comprar unas flores en la avenida. Un ramo de su flor favorita: el jazmín. Escribiría qué siento cuando percibo este aroma, pero escribiría un libro más largo que Los Miserables y la trilogía de El Señor de los Anillos juntos. Sólo puedo decir que me hace sentir vivo. Una vez más.

Llegué a su casa y la encontré arreglando las flores exóticas que tiene en su jardín. Al verme saltó de la alegría y se lanzó sobre mí haciendo que perdiera un poco mi equilibrio. Nos besamos y le entregué las flores. Ella me dio otro beso y buscó un jarrón para ponerlas en su mesa de noche. Pasamos todo el día en su habitación besándonos y diciéndonos cuánto nos amábamos.

Antes de que llegara el atardecer la llevé al parque para presenciar el grandioso momento en el cual el sol se oculta para protegerse de la maldad y tiniebla de la noche. Nos besamos de nuevo y fuimos a mi apartamento.

Entramos besándonos y comenzó a intensificarse la pasión entre nuestros cuerpos y decidimos que era tiempo. Tiempo de que su cuerpo junto al mío se unieran formando un lazo que jamás se rompería y que duraría hasta el día de nuestra muerte. El amanecer nos dio una cálida bienvenida al nuevo día que estaba por iniciar, ella reposaba su cabeza en mi desnudo pecho. El sol nos abrazó con sus rayos mañaneros que se filtraban por los espacios que las cortinas no cubrían y resplandecían sobre el hermoso rostro de Nina. Sus ojos se veían más claros de lo normal, y su piel se veía más frágil y sensible, la abracé y fue ahí donde me di cuenta que ella era la indicada. Era ella en la cual podría confiar mi vida. Era ella la que me acompañaría hasta mi último respiro. Era ella la que hacía que olvidara mi soledad. Era ella la que lograba hacerme sentir que era alguien. Era ella la que me hacía sentir vivo. Una vez más.”

Jules Freeman, 25/10/98

Esta es una carta que se encontró entre los poemas y cartas del hombre que se suicidó el 16 de Marzo de 1999 en el Hospital Psiquiátrico St. John tras cinco meses de la muerte de su amada Nina Gates quien murió de un paro cardíaco el 26 de Octubre de 1998. Se dice que Freeman no logró superar la muerte de su pareja y fue recluido en el Hospital Psiquiátrico en donde cuatro meses después se suicidó. En su apartamento se encontraron cientos de poemas, cartas y cuentos que eran sobre ella. Estas obras literarias son actualmente reconocidas bajo el nombre del difunto. La familia Freeman es la que posee todo los derechos de autor.

 
 
 

The clock strikes t w e l v e

 
 
 

burningupasun:

Meet the Twelfth Doctor.

 

Doctor Who quotes → Eleventh Doctor

 
 

Eleven’s hour is over now, the clock is striking twelve’s.